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octubre 6, 2026

El psoas: ¿el culpable perfecto?

Mitos y realidades sobre el dolor del psoas, el dolor lumbar y el tratamiento basado en la evidencia científica.

Si buscas información sobre el psoas en internet, es muy probable que acabes con la sensación de que este músculo explica casi cualquier dolor.

Que si está acortado.

Que si está bloqueado.

Que si hay que estirarlo todos los días.

Que si hay que fortalecerlo.

Que si acumula toxinas porque está justo detrás del riñón.

Que si almacena las emociones.

Que si es el responsable de la mayoría de los dolores lumbares.

 

Con el tiempo, el psoas ha pasado de ser un músculo prácticamente desconocido para la mayoría de las personas a convertirse en el protagonista de innumerables explicaciones sobre el dolor. Hoy parece tener la culpa de casi todo.

 

Pero cuando una única estructura parece explicar problemas tan diferentes, merece la pena detenerse un momento y hacerse una pregunta.

 

¿Es realmente el psoas el culpable… o simplemente se ha convertido en una explicación demasiado sencilla para entender un cuerpo que es mucho más complejo?

psoas

¿Qué es realmente el psoas?

El psoas mayor es un músculo profundo que nace en las vértebras lumbares y desciende hasta la parte interna del fémur. Junto con el músculo ilíaco forma el iliopsoas, el principal flexor de la cadera.

 

Gracias a él podemos levantar la pierna para caminar, correr, subir escaleras o entrar y salir del coche. Además, participa en la estabilidad de la pelvis y de la columna lumbar, trabajando de forma coordinada con el abdomen, el diafragma, los glúteos y muchos otros músculos del tronco y de las extremidades inferiores.

 

En otras palabras, es un músculo importante.

 

Pero importante no significa imprescindible. Y mucho menos significa responsable de todos los dolores.

 

Su localización ayuda a entender por qué ha adquirido tanta fama. El psoas atraviesa una de las regiones anatómicas más complejas del cuerpo. Se encuentra muy próximo a la columna lumbar, la articulación de la cadera, numerosos vasos sanguíneos y nervios, el intestino y los riñones. Cuando aparece un dolor en esta zona, resulta fácil pensar que el problema debe venir del psoas.

 

Sin embargo, estar cerca del lugar donde duele no significa ser la causa del dolor.

Podemos imaginar una plaza llena de gente. Si ocurre un accidente, todas las personas presentes estaban cerca del lugar, pero eso no las convierte automáticamente en responsables. Con el psoas sucede algo parecido: forma parte del “vecindario” donde aparecen muchas molestias, pero eso no implica que siempre sea el culpable.

 

Además, el iliopsoas nunca trabaja solo. Cada movimiento que realizamos es el resultado de la coordinación entre decenas de músculos, articulaciones, tendones y estructuras del sistema nervioso. El cuerpo humano funciona como una orquesta: cada instrumento tiene un papel importante, pero ninguno interpreta la obra por sí mismo.

 

Por eso, cuando aparece dolor, rara vez existe una explicación tan simple como señalar a un único músculo.

💡 ¿Sabías que…?

 

El psoas es el único músculo que conecta directamente la columna lumbar con las piernas. Precisamente por esta posición estratégica participa en numerosos movimientos cotidianos. Sin embargo, su importancia anatómica no significa que sea el responsable de la mayoría de los dolores lumbares o de cadera.

Entonces, si el psoas es simplemente un músculo más dentro de un sistema tan complejo… ¿Cómo llegó a convertirse en el responsable de casi todo?

¿Por qué el psoas tiene tanta fama?

La popularidad del psoas no apareció por casualidad.

 

En realidad, es el resultado de algo que ocurre con frecuencia en el ámbito de la salud: cuando encontramos una explicación sencilla para un problema complejo, tendemos a aceptarla con facilidad.

Si alguien nos dice que nuestro dolor lumbar se debe a un único músculo y que existe una técnica para “liberarlo” o un ejercicio para solucionarlo, es normal que esa explicación resulte atractiva. Es fácil de entender, tranquiliza y, además, parece ofrecer una solución rápida.

 

Sin embargo, el cuerpo humano rara vez funciona de una manera tan simple.

Durante mucho tiempo, la medicina también buscó “el culpable”. Se pensaba que detrás de cada dolor debía existir una estructura concreta responsable del problema: una vértebra bloqueada, un disco lesionado, una pelvis desalineada o un músculo excesivamente tenso.

Con el paso de los años, la investigación ha cambiado nuestra forma de entender el dolor.

Hoy sabemos que, especialmente cuando el dolor persiste durante semanas o meses, rara vez depende de una única estructura. En la mayoría de los casos intervienen varios factores al mismo tiempo: el estado de los tejidos, la forma en que el sistema nervioso procesa la información, el nivel de actividad física, la calidad del sueño, el estrés, las experiencias previas e incluso las creencias que tenemos sobre nuestro propio cuerpo.

 

Esto no significa que la anatomía haya dejado de importar. Significa que la anatomía es solo una parte de la historia.

 

El propio psoas reúne muchas características que favorecen que se le atribuya un papel protagonista. Es un músculo profundo, difícil de palpar, situado en una región donde confluyen la columna lumbar, la pelvis y la cadera, y participa en muchos movimientos cotidianos. Todo ello hace que resulte fácil convertirlo en la explicación de cualquier molestia en esa zona.

Con el tiempo comenzaron a aparecer teorías de todo tipo. Algunas sugerían que el psoas se acortaba por permanecer muchas horas sentado. Otras afirmaban que había que “desbloquearlo” mediante masajes profundos. Más tarde surgió la idea de que acumulaba toxinas por estar situado detrás del riñón y, posteriormente, la de que almacenaba las emociones o el estrés.

 

Muchas de estas teorías parten de observaciones reales. Otras mezclan conceptos anatómicos, fisiológicos y terapéuticos hasta construir explicaciones que parecen coherentes.

Pero que una explicación parezca lógica no significa necesariamente que sea cierta.

La ciencia avanza precisamente poniendo a prueba esas hipótesis. Algunas se confirman. Otras se modifican. Y otras terminan descartándose cuando aparecen estudios de mayor calidad.

 

Con el psoas ha ocurrido exactamente eso.

 

Hoy disponemos de mucha más información que hace veinte años y podemos distinguir mejor entre aquello que sabemos con bastante seguridad y aquello que, simplemente, sigue siendo una hipótesis o una creencia.

💡 Idea preconcebida

 

“Si conseguimos identificar el músculo responsable del dolor, encontraremos también la solución.”

 

En realidad, el dolor musculoesquelético rara vez depende de una única estructura. Comprender por qué una persona tiene dolor suele ser mucho más útil que intentar encontrar un único culpable.

Entre todas las ideas que han surgido alrededor del psoas, probablemente ninguna se haya difundido tanto como esta: que el psoas es el “músculo basurero” porque acumula toxinas y emociones.

 

Pero… ¿hay alguna evidencia científica que apoye realmente esta afirmación?

¿Es cierto que el psoas acumula toxinas o emociones?

Probablemente esta sea una de las afirmaciones que más ha contribuido a la popularidad del psoas.

 

Es frecuente escuchar que el psoas es el “músculo basurero” del cuerpo porque se encuentra justo detrás del riñón y que, por ese motivo, acumula toxinas que deberían eliminarse mediante masajes, estiramientos o determinadas técnicas manuales. En otras ocasiones se afirma que es el “músculo de las emociones”, donde quedarían almacenados el estrés, la ansiedad o incluso experiencias traumáticas.

 

Son ideas muy llamativas y fáciles de recordar. Sin embargo, cuando las analizamos desde el punto de vista de la anatomía y de la fisiología, las cosas no encajan tan bien.

 

Es cierto que el psoas está situado muy cerca de los riñones. Si observamos un atlas anatómico veremos que ambas estructuras comparten la misma región del cuerpo. Pero la proximidad entre dos órganos o tejidos no significa que uno transfiera sustancias al otro.

La función de los riñones consiste en filtrar la sangre de manera continua. Los productos de desecho pasan a formar parte de la orina y son eliminados a través del aparato urinario. Todo este proceso ocurre dentro de un circuito perfectamente organizado.

Hasta la fecha, no existe ninguna evidencia científica que demuestre que las toxinas abandonen el riñón para almacenarse en el psoas o en cualquier otro músculo del cuerpo.

 

Del mismo modo, tampoco disponemos de pruebas que indiquen que las emociones queden “guardadas” dentro del psoas.

 

Entonces, ¿por qué tantas personas sienten más tensión en esta zona cuando atraviesan una época de estrés?

 

Porque el estrés sí influye en nuestro cuerpo.

Cuando vivimos una situación estresante, el sistema nervioso modifica la respiración, aumenta el tono muscular, cambia la forma en que percibimos el dolor y hace que determinados movimientos puedan resultar más incómodos. Todo ello puede provocar una sensación de rigidez o de mayor sensibilidad en diferentes regiones del cuerpo, incluida la zona donde se encuentra el psoas.

Pero eso no significa que el músculo esté almacenando emociones. Significa que todo el organismo está respondiendo a una situación de estrés.

 

Comprender esta diferencia es importante porque cambia completamente la forma de abordar el problema. Si pensamos que el psoas está lleno de toxinas o emociones atrapadas, intentaremos “vaciarlo”. En cambio, si entendemos que el dolor depende de múltiples factores —entre ellos el movimiento, el sistema nervioso, el descanso o el estrés— podremos actuar sobre aquellos aspectos que realmente favorecen la recuperación.

💡 ¿Sabías que…?

 

Cada día, los riñones filtran alrededor de 180 litros de sangre para producir aproximadamente entre 1 y 2 litros de orina. Todo el proceso de eliminación de sustancias de desecho ocurre dentro del sistema urinario. No existe ningún mecanismo conocido por el que esas sustancias pasen al psoas para quedar almacenadas en él.

🏃‍♀️ En la práctica

 

Si notas que tu espalda o tu cadera están más tensas durante una época de estrés, no significa que tu psoas esté “guardando emociones”. Dormir mejor, mantenerte activo, gestionar el estrés y recuperar progresivamente el movimiento suele tener un impacto mucho mayor que intentar “desbloquear” un único músculo.

¿Cuáles son los síntomas de un problema del psoas?

La respuesta es sí.

 

Después de hablar de tantos mitos, podría parecer que el objetivo de este artículo es demostrar que el psoas nunca da problemas. Pero eso tampoco sería cierto.

 

Como cualquier otro músculo, tendón o articulación, el iliopsoas puede lesionarse, irritarse o sobrecargarse. Existen patologías bien conocidas en las que este músculo desempeña un papel importante y que forman parte del diagnóstico habitual de médicos, fisioterapeutas y osteópatas.

 

Una de las más frecuentes es la tendinopatía del iliopsoas, que suele provocar dolor en la parte anterior de la cadera o en la ingle, especialmente al levantar la rodilla, subir escaleras, correr o realizar determinados gestos deportivos. También puede aparecer una bursitis del iliopsoas, aunque es menos habitual, o el conocido síndrome de la cadera en resorte (snapping hip), en el que el tendón produce una sensación de chasquido al deslizarse sobre determinadas estructuras óseas.

 

Estas patologías existen y es importante reconocerlas, porque su tratamiento puede ser diferente al de una lumbalgia inespecífica.

 

Sin embargo, también es importante ponerlas en contexto.

La mayoría de las personas que consultan por dolor lumbar no presentan una lesión del psoas. Del mismo modo, muchas molestias en la ingle tienen su origen en otras estructuras, como la propia articulación de la cadera, los músculos aductores, la pared abdominal o incluso la columna lumbar.

 

Por eso, durante una valoración clínica, la pregunta nunca debería ser simplemente: ”¿Es el psoas?”

La pregunta correcta es: ”¿Los síntomas de esta persona son compatibles con un problema del iliopsoas?”

 

Responder a esta cuestión requiere escuchar la historia del paciente, conocer cómo comenzaron los síntomas, identificar qué movimientos aumentan o disminuyen el dolor y realizar una exploración física completa.

 

En ocasiones utilizamos diferentes pruebas clínicas, como el Thomas Test o maniobras de flexión resistida de la cadera. Estas pruebas pueden aportar información útil, pero ninguna de ellas permite confirmar por sí sola que el psoas sea el responsable del dolor.

 

Sucede algo parecido con las pruebas de imagen.

Encontrar pequeños cambios en un tendón o en un músculo no significa necesariamente que esos cambios expliquen los síntomas. De la misma manera, una exploración aparentemente normal tampoco permite descartar por completo que el iliopsoas esté implicado.

 

El diagnóstico siempre es el resultado de reunir todas las piezas del puzle.

Y eso es precisamente lo que diferencia una valoración clínica de calidad de una explicación demasiado simplista.

💡 ¿Sabías que…?

 

El snapping hip o “cadera en resorte” es relativamente frecuente, especialmente en personas jóvenes y deportistas. Muchas personas presentan este chasquido durante años sin dolor y sin ninguna limitación funcional, por lo que escuchar un “clic” en la cadera no significa necesariamente que exista una lesión.

🏃‍♀️ En la práctica

 

Si el dolor aparece sobre todo al levantar la rodilla, entrar o salir del coche, subir escaleras o correr cuesta arriba, el iliopsoas puede formar parte del problema. Pero antes de llegar a esa conclusión es importante valorar el conjunto de la cadera, la columna lumbar, la pelvis y la forma en que te mueves. Tratar únicamente el psoas sin entender el origen del dolor puede hacer que pasemos por alto la verdadera causa de los síntomas.

Si tengo dolor lumbar… ¿es culpa del psoas?

Esta es, probablemente, la pregunta que da sentido a todo este artículo. Y la respuesta es sencilla:

En la mayoría de los casos, no.

 

Hoy sabemos que aproximadamente el 90 % de las lumbalgias se clasifican como dolor lumbar inespecífico. Este término puede resultar poco intuitivo, pero no significa que el dolor sea imaginario ni que los profesionales no sepan qué ocurre. Significa que no podemos atribuir el dolor con seguridad a una única estructura anatómica.

En otras palabras, no podemos afirmar que el responsable sea el disco, una articulación, un ligamento… o el psoas.

 

Esto puede parecer frustrante al principio. Estamos acostumbrados a pensar que cada síntoma debe tener una única causa y que, si conseguimos encontrarla, encontraremos también la solución.

 

Sin embargo, el cuerpo humano no funciona así.

 

Pensemos durante un momento en una persona que empieza a correr después de varios años sin hacer ejercicio. Al cabo de unas semanas comienza a notar dolor lumbar.

 

¿Ha sido el psoas?

Quizá.

 

¿Han sido los músculos lumbares?

También podría ser.

 

¿Ha influido la falta de fuerza de los glúteos, una carga de entrenamiento demasiado rápida, el estrés laboral, dormir poco o pasar diez horas sentado cada día?

Probablemente todos estos factores hayan desempeñado un papel.

 

Ese es precisamente el cambio de paradigma que ha vivido el tratamiento del dolor musculoesquelético durante las últimas décadas.

 

Hoy entendemos que el dolor suele ser el resultado de la interacción entre los tejidos, el sistema nervioso y el contexto de cada persona.

Por eso hablamos de un modelo biopsicosocial del dolor.

Esto no significa que “todo esté en la cabeza”. Significa que el organismo funciona como un sistema en el que la biología, el movimiento, los hábitos de vida y los factores psicológicos se influyen mutuamente.

 

Un músculo puede estar perfectamente sano y, aun así, resultar doloroso durante un tiempo. Del mismo modo, una resonancia puede mostrar cambios importantes en la columna de una persona que no siente absolutamente ningún dolor.

La relación entre las imágenes, los tejidos y los síntomas no siempre es directa.

 

Por eso, cuando una persona acude a consulta con dolor lumbar, nuestro objetivo no consiste en encontrar desesperadamente una estructura culpable.

Lo realmente importante es responder a otras preguntas:

  • ¿Por qué ha aparecido el dolor?
  • ¿Qué factores lo están manteniendo?
  • ¿Y qué necesita esta persona para recuperar su capacidad de moverse con confianza?

Cuando cambiamos las preguntas, también cambia la forma de tratar a nuestros pacientes.

En lugar de intentar “arreglar” un músculo concreto, buscamos ayudar al organismo a adaptarse mejor a las cargas del día a día y devolver a la persona la confianza para volver a caminar, correr, trabajar, coger a sus hijos en brazos o practicar el deporte que le gusta.

💡 Idea preconcebida

 

“Si me duele donde se inserta el psoas, el problema tiene que ser el psoas.”

 

No siempre. Diferentes músculos, tendones, articulaciones e incluso estructuras del sistema nervioso pueden producir dolor en una misma región. La localización del dolor es solo una pieza del puzle, nunca un diagnóstico por sí sola.

🏃‍♀️ En la práctica

 

Si llevas varias semanas con dolor lumbar, probablemente la pregunta más útil no sea ”¿qué músculo tengo lesionado?”, sino ”¿qué factores están haciendo que este dolor continúe?”. En muchos casos, mejorar la condición física, recuperar progresivamente el movimiento, dormir mejor o reducir el miedo a determinadas actividades tiene un impacto mucho mayor que centrar todo el tratamiento en un único músculo.

¿Hay que estirar o fortalecer el psoas?

Si preguntáramos a diez personas qué hacer cuando “el psoas da problemas”, probablemente obtendríamos dos respuestas muy diferentes.

 

Unas dirían: “Hay que estirarlo porque está acortado.”

 

Otras responderían justo lo contrario: “No lo estires. Lo que necesitas es fortalecerlo.”

 

Entonces… ¿quién tiene razón?

 

La realidad es que ambas respuestas pueden ser correctas… y ambas pueden ser equivocadas.

Todo depende de la persona que tenemos delante.

No todos los pacientes presentan el mismo problema, aunque utilicen la misma palabra para describirlo. Dos personas pueden decir que tienen “el psoas cargado” y, sin embargo, necesitar tratamientos completamente diferentes.

Una puede haber reducido mucho su movilidad después de una cirugía de cadera y beneficiarse de un trabajo progresivo de movilidad.

Otra puede haber disminuido su nivel de actividad física durante meses y necesitar recuperar fuerza y capacidad de esfuerzo.

Una tercera puede tener un problema relacionado con la carga de entrenamiento, con la técnica deportiva o incluso con una lumbalgia inespecífica en la que el iliopsoas ni siquiera sea la estructura principal implicada.

Y muchas veces, el tratamiento incluirá un poco de todo.

 

Por eso, plantear el debate como una elección entre estirar o fortalecer es simplificar demasiado la situación.

El objetivo no es conseguir el psoas más flexible ni el más fuerte.

El objetivo es que pueda cumplir su función sin producir dolor y que el resto del cuerpo sea capaz de adaptarse a las exigencias de la vida diaria o del deporte.

 

Las investigaciones publicadas durante los últimos años muestran que, en personas con dolor lumbar persistente, los mejores resultados se obtienen mediante programas de ejercicio individualizados, adaptados a las necesidades de cada paciente, mucho más que con un único tipo de ejercicio.

Eso significa que, dependiendo del caso, el programa puede incluir:

  • ejercicios de movilidad;
  • fortalecimiento;
  • control motor;
  • equilibrio;
  • trabajo funcional;
  • ejercicios específicos para volver al deporte.

Lo importante no es el nombre del ejercicio.

Lo importante es que responda al problema que presenta esa persona.

 

En Aliantis intentamos alejarnos de los tratamientos estandarizados. No creemos que exista un ejercicio universal para el psoas, igual que no existe un único tratamiento válido para todas las personas con dolor lumbar.

Cada paciente tiene una historia diferente, unos objetivos distintos y una capacidad de movimiento propia. El tratamiento debe adaptarse a esa realidad.

💡 Idea preconcebida

 

“Todos los problemas del psoas se solucionan estirándolo.”

 

No siempre. En algunas personas los estiramientos pueden aliviar la sensación de rigidez. En otras, el trabajo de fuerza o el control del movimiento será mucho más importante. Y en muchas ocasiones, la combinación de ambas estrategias ofrecerá los mejores resultados.

🏃‍♀️ En la práctica

 

Si un estiramiento del psoas disminuye tu dolor y te ayuda a moverte mejor, probablemente tenga sentido mantenerlo. Si un programa de fortalecimiento mejora tu capacidad para caminar, correr o subir escaleras sin molestias, también estará cumpliendo su objetivo. Lo importante no es elegir entre estirar o fortalecer, sino encontrar la estrategia que mejor responda a tus necesidades.

¿Cómo se trata el dolor del psoas?

Comprender el problema

Si hay una idea que resume la evolución del tratamiento del dolor musculoesquelético en los últimos años, es esta: Hemos dejado de tratar músculos para empezar a tratar personas.

 

Eso no significa que la anatomía haya dejado de ser importante. Al contrario. Significa que comprender el funcionamiento del cuerpo va mucho más allá de identificar una estructura y centrar todo el tratamiento en ella.

 

Cuando una persona acude a consulta con dolor en la región lumbar, la cadera o la ingle, el primer paso sigue siendo una valoración clínica completa.

 

Antes de pensar en el psoas, es importante responder a preguntas mucho más relevantes:

  • ¿Estamos realmente ante un problema del iliopsoas?
  • ¿Existen signos que hagan sospechar otra patología?
  • ¿Hay algún dato que justifique realizar pruebas de imagen o derivar al paciente a otro profesional?

 

La mayoría de las veces, una buena entrevista y una exploración física aportan mucha más información que una resonancia realizada de forma sistemática.

Mantenerse activo

Una vez descartadas las situaciones que requieren otro tipo de atención, comienza el verdadero tratamiento.

 

Y aquí es donde la evidencia científica es especialmente clara.

 

El primer objetivo es ayudar al paciente a comprender qué está ocurriendo. Saber que el dolor no siempre significa daño, entender por qué determinados movimientos resultan molestos y conocer qué factores pueden estar influyendo en los síntomas reduce la incertidumbre y favorece la recuperación.

 

El segundo objetivo es volver a moverse.

No se trata de ignorar el dolor ni de obligarse a hacer actividades que lo empeoren de forma importante. Se trata de recuperar progresivamente aquellas funciones que el cuerpo ha ido evitando con el tiempo.

A veces será caminar más. Otras veces volver a correr.

En otras ocasiones bastará con levantarse del sofá sin miedo, subir escaleras o coger a un hijo en brazos con confianza.

Adaptar el ejercicio a cada persona

Y para conseguirlo, el ejercicio terapéutico desempeña un papel fundamental.

 

Pero aquí aparece una idea que merece la pena recordar.

La investigación actual ya no intenta descubrir cuál es el mejor ejercicio para el psoas.

La verdadera pregunta es otra. ¿Cuál es el mejor ejercicio para esta persona, en este momento de su recuperación?

 

Esa es la diferencia entre seguir un protocolo y realizar un tratamiento individualizado.

En algunos pacientes será prioritario recuperar fuerza. En otros, mejorar la movilidad. En otros, aumentar progresivamente la tolerancia al esfuerzo. Y, en muchos casos, el objetivo será simplemente volver a confiar en un cuerpo que lleva demasiado tiempo asociado al dolor.

 

La terapia manual también puede formar parte de este proceso.

En Aliantis utilizamos con frecuencia técnicas manuales porque pueden disminuir el dolor, mejorar la movilidad y facilitar que el paciente vuelva a moverse con mayor comodidad.

Pero entendemos estas técnicas como una herramienta, no como el centro del tratamiento.

 

Su verdadero valor reside en ayudar a la persona a recuperar el movimiento, no en “desbloquear” un músculo o corregir una supuesta alteración estructural.

 

Cuando es necesario, otras opciones como los medicamentos, las infiltraciones o, en casos muy concretos, la cirugía, también pueden tener un papel. Sin embargo, en la gran mayoría de los problemas relacionados con el iliopsoas, el tratamiento conservador sigue siendo la estrategia recomendada por las principales guías clínicas.

💡 ¿Sabías que…?

 

Las principales guías internacionales sobre dolor lumbar coinciden en un mensaje muy claro: mantenerse activo y realizar ejercicio adaptado es una de las intervenciones con mayor respaldo científico. En cambio, el reposo prolongado suele retrasar la recuperación y favorecer la pérdida de fuerza, de confianza y de capacidad funcional.

🏃‍♀️ En la práctica

 

En Aliantis no tratamos un músculo. Tratamos a una persona. Por eso, dos pacientes con un dolor aparentemente parecido pueden recibir recomendaciones diferentes. El objetivo no es seguir un protocolo, sino encontrar la estrategia que permita a cada persona recuperar el movimiento y volver a hacer aquello que es importante para ella.

Lo que realmente deberíamos recordar

Quizá el mayor problema del psoas no sea el propio psoas.

Quizá sea todo lo que hemos llegado a creer sobre él.

 

Durante años hemos buscado una estructura a la que culpar de nuestro dolor: una vértebra desplazada, un disco lesionado, una pelvis desalineada… y, más recientemente, un psoas bloqueado, acortado o lleno de toxinas.

 

Sin embargo, el cuerpo humano rara vez funciona de una manera tan simple.

 

El psoas es un músculo importante. Participa en numerosos movimientos y puede verse implicado en determinadas patologías. Pero convertirlo en la explicación universal del dolor lumbar, de la cadera o de la pelvis no refleja lo que sabemos hoy gracias a la investigación científica.

 

Comprender esto no significa restar importancia al dolor.

Significa entender que la recuperación depende de mucho más que un único músculo.

Depende de valorar a la persona en su conjunto, comprender qué factores están influyendo en sus síntomas y construir un tratamiento adaptado a sus necesidades, sus objetivos y su forma de vida.

 

En Aliantis creemos que esa es la mejor manera de acompañar a nuestros pacientes: escuchar, evaluar, explicar y tratar basándonos en la mejor evidencia científica disponible.

El objetivo nunca es tratar un psoas.
El objetivo es ayudarte a recuperar tu movimiento, tu confianza y tu calidad de vida.

FAQ sobre el psoas

No existe una única prueba que permita confirmarlo. El diagnóstico se basa en la historia clínica, la exploración física y la evolución de los síntomas.únicamente en la intensidad del dolor.

No necesariamente. La longitud de un músculo, por sí sola, rara vez explica el dolor o determina el tratamiento.
Depende de cada caso. Algunas personas se benefician de ejercicios de movilidad, otras de fortalecimiento y muchas de una combinación de ambos. Lo importante es que el programa responda a las necesidades individuales y no a una regla general.
En la mayoría de los casos, no. Una valoración clínica completa suele aportar mucha más información que una prueba de imagen realizada de forma sistemática.
Sí. El estrés puede modificar el tono muscular y la sensibilidad del sistema nervioso, haciendo que determinadas zonas del cuerpo resulten más dolorosas. Sin embargo, no existen pruebas de que el psoas almacene emociones o toxinas.

Este artículo de blog no tiene como objetivo generar nuevos conocimientos; su redacción se basa en la lectura de publicaciones científicas, artículos de blog y otros textos.

Fuentes:

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Domb BG. Editorial Commentary: Iliopsoas Fractional Lengthening: Treating a Disease or a Symptom? Arthroscopy. 2019;35(6):1844-1846. DOI: 10.1016/j.arthro.2019.02.013.

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Chen Z, Wu J, Wang X, et al. Myofascial Release for Chronic Low Back Pain: A Systematic Review and Meta-Analysis. Frontiers in Medicine. 2021;8:697986. DOI: 10.3389/fmed.2021.697986.

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